Nos gustan raros, aventureros y villanos

Es curioso como algunos personajes cinematográficos pueden ser tan atrayentes y carismáticos. El que más llama mi atención es Jack Sparrow (interpretado por Johnny Deep en la saga «Los piratas del caribe»), un personaje excéntrico, más raro que un perro verde y bastante egoísta, con un lado oscuro que le permite vender a su mejor amigo sin pestañear… pero nos encanta a tod@s. Si aunque parezca mentira, a las personas nos atraen los rar@s, los aventurer@s y los villan@s. Y Jack Sparrow tiene de los tres. Pero ¿por qué nos gusta tanto esta manera de ser?

La respuesta se encuentra en la constante lucha interna que vivimos las personas: por un lado tenemos la necesidad de pertenecer a «algo“ (y por tanto ser iguales a los individuos que conforman este “algo” y así ser aceptados por ellos) pero al mismo tiempo deseamos ser individuos únicos.

La necesidad de pertenencia surge como un instinto de supervivencias. Ya cuando vivíamos en las cavernas sabíamos que ser parte de un grupo, una manadas, clan, comunidad, llámale como quieras, era la manera más fácil de aumentar la probabilidad de sobrevivir. Hoy cuando nacemos, el primer grupo al que pertenecemos es la familia y luego se le añaden muchos más: nacionalidad, club de futbol, partido político, alimentación (vegano/carnivoro), sexualidad (feminista, machista, bisexual, gay, LGBT), ideales (dog lover, ecologista, movimiento verde, etc). Sin embargo el que nos condiciona más es la religión, al definir las directrices de lo que se puede y no hacer. El heche de pertenecer a un grupo nos puede dar sensación de protección, pero también ejerce un gran control sobre nosotros, pues nos impone las reglas del juego, o sea, lo que tu debes efectuar para poder ser parte de este. Cumplir diariamente con tantas normas, nos hace sentir que vivimos con un yugo sujeto a nuestro cuello, y a menudo querríamos sacarnos este peso de encima, ni que fuese por un rato.

La necesidad de ser individuos únicos surge del deseo de dar sentido a nuestra vida, creer en la existencia de un propósito individual que justifica nuestra vida. Esta necesidad de ser únicos se ve potenciada por el don más increíble que tenemos los seres humanos: nuestra capacidad para crear. A partir de ahí podemos concebir cosas singulares y extraordinarias gracias a nuestra creatividad, capacidad de soñar e imaginar. El vivir en comunidades y por tanto bajo reglas, nos limita esta facultad de crear y nos presiona a ser igual al resto: a vestir igual, a pensar igual … a llamarnos igual ¿Quién no ha experimentado la confusión de un niño pequeño cuando ve a otra persona llamarse igual?. ¡El nombre debería ser nuestro primer distintivo de identidad propia!

Entonces, cuando un personaje es rar@, villan@ y aventurer@ vemos reflejados en él/ella las características que nosotros también querríamos tener … aunque fuese por un momento … y así sentirnos libres de las reglas que nos rodean y condicionan cada día. Eso hacemos cuando estamos delante de la pantalla de un cine o del televisor sintiéndonos Jack Sparrow; por un momento dejamos de ser nosotros, nos sacudimos las imposiciones sociales y podemos ser libres a través de él.

Pero ¿por qué solo nos permitimos ser así por un lapso de tiempo y no siempre? pues porque nos da miedo. Miedo al qué dirán, a defraudar a nuestros padres/seres queridos. Y tal vez también a que la religión tenga razón y nos espere un infierno eterno.

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